martes, 8 de diciembre de 2009

Música en mi vida

Otro día más me pongo a escribir. Me siento frente al ordenador, pongo la música, cierro los ojos por un momento y respiro hondo. Un estúpido ritual como queriendo inhalar cada nota de la música que llega a mis oídos, queriendo quedarme con cada canción. Pero es que una canción no es nada, y puede serlo todo. Un suspiro, un grito de auxilio, un sentimiento. Son apenas tres minutos para soñar, pensar, a veces para bailar, pero lo más importante, para sentirte cerca de alguien y de esa forma sentirte feliz, enamorado… entonces te das cuenta de que estás vivo. De que respiras esa música porque puedes sentirla, no la sientes porque aún respiras. Estás vivo porque vives dentro de alguien, de esa persona que te lleva dentro cada día. Y al seguir escuchando te sale una sonrisa y a la vez te da rabia porque te das cuenta de que esa canción te está plagiando porque te dice cosas que ya sabías, es un espejo en el que puedes verte por dentro un instante, son las que guardan nuestra memoria más íntima porque están hechas de la materia de los sueños, de la vida, de las experiencias… Una canción no es nada, pero no hay mejor canción que “tú”.

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