Otro día más me pongo a escribir. Me siento frente al ordenador, pongo la música, cierro los ojos por un momento y respiro hondo. Un estúpido ritual como queriendo inhalar cada nota de la música que llega a mis oídos, queriendo quedarme con cada canción. Pero es que una canción no es nada, y puede serlo todo. Un suspiro, un grito de auxilio, un sentimiento. Son apenas tres minutos para soñar, pensar, a veces para bailar, pero lo más importante, para sentirte cerca de alguien y de esa forma sentirte feliz, enamorado… entonces te das cuenta de que estás vivo. De que respiras esa música porque puedes sentirla, no la sientes porque aún respiras. Estás vivo porque vives dentro de alguien, de esa persona que te lleva dentro cada día. Y al seguir escuchando te sale una sonrisa y a la vez te da rabia porque te das cuenta de que esa canción te está plagiando porque te dice cosas que ya sabías, es un espejo en el que puedes verte por dentro un instante, son las que guardan nuestra memoria más íntima porque están hechas de la materia de los sueños, de la vida, de las experiencias… Una canción no es nada, pero no hay mejor canción que “tú”.
martes, 8 de diciembre de 2009
¿Soledad?
Hoy es un día más. Suena el despertador, estiras la mano para apagarlo y tímidamente abres un ojo mirando la hora. Entonces te frotas un par de veces la cara, has dormido mucho y aún estás agotado. Te sientas sobre la cama, miras a un lado y a otro… ¿qué ves? Exacto, no hay nada. Estas solo otro día más. Subes la persiana y ves la calle completamente mojada, la gente corre de un lado a otro con sus paraguas y sus abrigos hasta taparse casi por completo la cara. Es pleno invierno, la Navidad se acerca y piensas en por qué corren, por qué tienen tanta prisa, ¿será que alguien les está esperando? A ti, desde luego, no.
Te pones un poco triste por eso así que dejas a la gente con sus historias, aunque te come la curiosidad de saber qué se les pasa por la cabeza a cada uno de ellos. Vas hacia la cocina y mientras preparas el desayuno enciendes la tele sorprendiéndote que a esas horas estén emitiendo un avance de las noticias, ¿habrá pasado algo? En ese mismo momento dejas todo lo que estás haciendo, te quedas impasible frente al televisor como hipnotizado. Las palabras del presentador te resuenan en la cabeza como agolpadas de repente: “una mujer muere a manos de su marido… un niño abandonado por su madre en plena calle… un atracador mata a un guardia de seguridad…”
Tus ojos se abren como platos y piensas “¿Pero en qué mundo vivimos?” Entonces aprietas el botón rojo del mando a distancia y las voces se callan, ya no oyes a gente llorando, parece que todo ha terminado y sigues con tu desayuno.
¿En realidad somos así? Esa misma gente que hemos visto por la ventana pueden ser los que aparezcan mañana en ese noticiero. No estamos libres porque nosotros provocamos estas situaciones. No podemos apretar el botón rojo del mando a distancia de nuestra vida, ni siquiera ponerla en pausa porque la vida no tiene botones. Cuando naces alguien pulsa el “play” y ya está, no puedes frenarlo, solo puedes cambiar las cosas sin parar el ritmo. Es tu vida, tu tienes el control aunque muchas veces es mejor que te dejes ayudar por la gente que tienes alrededor, dejarles que de vez en cuando te den ese empujón que te hace falta o que te frenen un poco si es necesario.
Por eso cuando vuelves a pensar en que tu cama estaba vacía, que eras tu solo el que estaba ahí sentado, deberías quitarte las legañas, abrir bien los ojos y volver a mirar, porque tu cama está llena de gente, y tu casa, que es tu vida. Mires a donde mires y por muy solo que estés siempre estás acompañado, porque dentro de ti puedes sentirlo. Sientes que hay gente que se preocupa por ti, que te quiere y que pese a la distancia nunca te dejan solo.
Entonces vuelves a la cama, de nuevo suena el despertador, esto ya lo has vivido. Estiras la mano para apagarlo y esta vez abres los ojos de golpe. Te sientas en la cama, miras a tu alrededor y sonríes porque ahora eres capaz de sentir contigo a toda esa gente que antes no estaba. Esta vez cuando subes la persiana el sol está brillando y te das cuenta, todo ha sido un sueño. Date prisa o llegarás tarde.
Despierta Salamanca
Esta mañana he salido de casa y aún estaba el rastro de la noche, aún había oscuridad. Me he ajustado los cascos en las orejas, he subido el volumen de mi música y me he puesto a caminar hacia el centro. Apenas había gente a esas horas, tan solo algún que otro barrendero y transportista para abastecer de cerveza y coca-cola a la ciudad universitaria por excelencia. A medida que me iba metiendo en el casco antiguo de la ciudad me iba fijando en cada calle, cada edificio, cada piedra, algo que no recuerdo haber hecho nunca. Despierta Salamanca pensando en TI, porque cada paloma de cada tejado arrulla tu nombre y el viento me pega en la cara tan frio que me hace recordar las noches de calor a tu lado. Miro a mi alrededor y no estás pero te veo en todas partes. Sigo caminando, casi llego a mi destino y el día empieza a asomar con su pálida claridad, entonces veo el primer rayo de sol y una sonrisa se dibuja en mi cara:”buenos días cariño”.
